Laguna de Tota – Boyacá / Colombia

¡Hey! Tiempo sin escribir nada por acá (algunos meses para ser un poco más precisos)

Lo siento, estuve un tanto ocupado, pero ya vendrán post con normalidad y frecuencia, como debe ser 😊

Para retomar el blog me gustaría tocar un destino bastante común acá en Colombia, pero así mismo también imperdible, y es la Laguna de Tota.

Y es que claro, me podré haber ido a viajar por Sudamérica, pero es que Colombia está llena de cosas que valen la pena por todo lado, y bueno, ¿qué tiene de especial Tota? Pues es una laguna gigantesca en Boyacá, a unos 3,000 msnm, bastante fría, por cierto, ideal para perderse un rato y ver las estrellas.

Como ya saben, yo no me centro en costos, tours, o cosas así, hay mucha información en internet para eso, por lo que iré un poco al grano. Acá fui con unos amigos en un auto, a unas 3 o 4 horas de Bogotá, y de pronto algo que me gustaría recalcar es que prueben los postres en un pueblo llamado Iza, media hora antes de llegar a Tota (son deliciosos)

Ya con esto hecho, ¡llegamos a Tota! Inmensa, imponente, helada, y como buen plan de turista que hicimos, fuimos al sitio predilecto para esta laguna por todo el mundo, Playa blanca.

(Acabé de caer en cuenta que la única foto que le tomé a la playa blanca, fue esta fea de ahí arriba… lo sé, está horrible)

Playa blanca es una playa artificial puesta en la laguna de Tota, toda esa arena fue traída, pero le da un toque un poco distinto a la laguna, asemejándola a alguna playa en la costa, y si a esto le sumamos un día soleado, pues podemos tener un paisaje que no está en todo lado.

Ahora, a lo que vinimos. Teniendo en cuenta que llegamos un poco tarde, la idea era acampar, pero aquí viene lo que no me gusta de este sitio… hay MUCHO ruido. Mi concepto de acampar a una laguna o bosque es ir a retirarse un poco de la sociedad, a escuchar la naturaleza, unirse un poco con el mundo, pero esto en Tota no sucede tanto.

Sucede que hay una zona predilecta y permitida para acampar, la cual se encuentra justo en frente del parqueadero, y al lado de una propiedad privada que pone música a todo volumen casi toda la noche -_-

Además de esto, el sitio es muy bueno para observar las estrellas (me encanta el cielo nocturno) pero el problema es que como es zona de turistas y el parqueadero, hay unos postes de luz gigantescos que enceguecen tu vista si intentas levantarla un poco al cielo, perdiendo toda la visibilidad del cielo nocturno, y estando además al lado de otro montón de carpas, y pues, ahí si la perdieron conmigo.

Teniendo en cuenta todo esto pensamos en una mejor opción y fue, ¿por qué mejor no adentrarnos un poco más al bosque y acampar? Un poco más lejos del ruido y las luces, y pues, que no me lea la administración de la laguna de Tota, pero justamente eso hicimos, y disimuladamente nos retiramos a un sitio un poco más callado, un poco más alejado, un poco más lleno de paz.

Aquí entramos en algunas complicaciones y una de ellas era, ¿cómo armar una carpa entre dos personas en una total oscuridad? Pues así lo hicimos. No nos podíamos dar el lujo de llamar la atención o prender una linterna, obviamente si nos veían allá nos iban a sacar, así que lo hicimos de la manera más prudente que pudimos. Entre esto, algunos perros se acercaron curiosos, pero afortunadamente no delataron nuestro paradero, y además vimos a otro pequeño grupo de gente haciendo lo mismo.

Ya una vez instalados en medio de los árboles y con un poco más de silencio, y después de haber preparado aguapanela caliente y sanduches con una pequeña cocinita que llevamos, entra mi parte favorita… la observación nocturna.

Al estar a una altura tan elevada, en este sitio tienes el privilegio de ver las estrellas un poco más cerca, el cielo un poco más limpio, y teniendo en cuenta que fue una noche sin luna, el tener el abrigo de las estrellas durante toda la noche mientras nos tomábamos un aguapanela, y a eso sumada la paz del sitio fuera del ruido, no tiene precio.

Ya pasada la noche, despertamos un poco temprano para aprovecharla luz del amanecer. Tota cuenta con un muelle muy bonito, y las aguas color turquesa se confunden en la orilla con el color de las algas, dando un escenario que no ves todos los días. Además de esto, una de las buenas cosas de despertar temprano es que casi no ves gente por ahí, haciendo mucho más sencillo el tomar fotos y disfrutar el panorama.

Otra cosa positiva del sitio es que es pet friendly, por lo que si tienes mascotas puedes aprovechar para llevarlas a que se den un chapuzón, e incluso tú mismo puedes hacerlo, pero ten en cuenta que el agua es helada.

Ya luego de aprovechar el amanecer, fuimos a dar una vuelta por las orillas montañosas de la laguna, desde donde puedes observar paisajes que no tienen nada que envidiarles a otras partes del mundo, llenos de paz y un olor a musgo que te adentra más en la naturaleza. Las panorámicas nos apremiaron la madrugada, por lo que el cielo estuvo totalmente despejado dando total visibilidad a la laguna.

Ya antes de irnos entramos un poco más de lleno al bosque, el cual por sus ramas caídas color rojizo aparenta un otoño en cualquier otra parte del mundo, y nos brindó colores que son poco usuales ver en la naturaleza colombiana. Cabe mencionar que acostarse en estos helechos, ramas, hojas, o como se les llame, no estoy seguro, es algo bastante cómodo, es como estar en un colchón natural.

Una vez hecho esto, decidimos partir de regreso a Bogotá, con la satisfacción de haber estado en un sitio que aunque concurrido, no pierde su magia mientras sepas buscarla.

Cabe mencionar que para ingresar a playa blanca y entrar ahí, debes pagar ciertos permisos, pero si tienen dudas de precios no duden de preguntarlo en los comentarios 😊

¡Nos vemos!